LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA

En el último trabajo titulado EL ÉXITO DE LAS OBSESIONES Y DOGMAS NEOLIBERALES NOS CONDUCEN A UNA DESIGUALDAD CADA VEZ MAYOR, terminaba con una expresión que puede sorprender, se trata del término “servidumbre voluntaria”. Al utilizar este término lo hago en el sentido que al mismo le da La Boètie en su obra Discurso de la servidumbre voluntaria o el contra Uno (1986). En esta obra, el autor profundiza en el estudio de la libertad humana y sus múltiples y profundas hipotecas que la merman e incluso llegan a anularla por completo.

La Boètie entiende el fenómeno de la “servidumbre voluntaria”, como un hecho contradictorio y enigmático, profundamente denigrante para la condición y dignidad humanas, sobre el que es necesario pensar detenidamente en lugar de obviarlo por la vergüenza que produce reconocer la existencia de un hecho tan denigrante para la condición humana. Si bien es cierto que este hecho rebaja la condición humana a la condición de siervo, no lo es menos que también se trata de un fenómeno, en cierto modo, enigmático y digno de análisis.

Cuando se produce el fenómeno de la “servidumbre voluntaria” es, en gran medida, porque en este modelo de tiranía las causas de la misma ven alterado su orden de importancia pasando el sometimiento voluntario del siervo a los designios del amo a ganar en importancia a la voluntad tiránica del amo. La otra característica es que esta servidumbre se manifiesta en forma colectiva, produciéndose la suma de muchas libertades individuales que, simultáneamente, deciden someterse y obedecer al tirano siendo esto lo que hace que supere el ámbito de lo individual para adquirir dimensión política. No se trata pues de analizar cuales son los recursos de que dispone el amo para la dominación del siervo, si no de intentar comprender cuales son las razones que hacen que un colectivo de personas, un pueblo, se degrade y someta colectivamente a la voluntad del amo. La explicación a este autoliberticidio no puede, aparentemente, encontrar su explicación en las armas del tirano sino más bien en una actitud autodestructiva que muchos ciudadanos encuentran rentables para el logro de objetivos básicos o de subsistencia.

En mi opinión esta es la causa principal del nuevo fascismo que invade nuestra sociedad, el “fascismo social”. Esto nos llevaría a que la última causa de la derivada que ha tomado nuestra sociedad democrática radicaría más en la decepción que la propia sociedad tiene de si misma por su incapacidad para dejar de comportarse de forma tan humillante, más que en la decepción que nos produjeron la élites gobernantes y que nos había llevado a autoexcluirnos de la participación activa en la política.

Lo cierto es que la fascinación que produce el poder del imperio global va siempre acompañada de un miedo reverencial a su poder, a quedar excluido de un mundo complejo y opaco que no somos capaces de controlar y nos paraliza. Se diría que hemos cambiado el hecho de ser sujetos por el de estar sujetos y transformarnos en meras “cosas” preparadas para, en términos marxianos, ser devoradas por el “fetichismo de la mercancía”.

Así se produce el abandono masivo de la política por parte de las clases populares, porque allí donde los seres humanos han sido domesticados como mascotas, no existe ni puede existir la política entendida como la constante construcción de la libertad.

No se trata con esta explicación de olvidar ni de minimizar la importancia que en los procesos de dominación tiene la “voluntad del tirano” si no de destacar un riesgo, de nuevo cuño en nuestra sociedad, que está adquiriendo tanta importancia como esa voluntad externa de los dominadores y que es esta “servidumbre voluntaria” que como una droga nos tiene idiotizados.

Ante esto solo cabe una salida digna que es volver a ser dueños de nuestra subjetividad, aunque los poderes dominantes sigan intentando someternos por todos los medios externos a su alcance que, sin duda lo seguirán haciendo. Nuestra subjetividad cuando la afirmamos en conjunto con otros seres humanos se convierte en tarea política de emancipación y, en el desarrollo de estas tareas emancipatorias está la única salida para nuestra liberación  de la “servidumbre voluntaria”. El “fascismo social” está perpetrando un “golpe de estado silencioso” que, si no reaccionamos a tiempo, acabará anulando nuestra subjetividad, minando la solidaridad y la cohesión social indispensables para salir de la crisis. Al terminar con la solidaridad social se llegará al momento en que prefiramos ser explotados a estar desempleados. La nueva forma de explotación está servida.

M. Jorge Parada

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