FASCISMO SOCIAL Y SERVIDUMBRE VOLUNTARIA

El “fascismo social” que nos domina, jamás había logrado tal nivel de intromisión en nuestra sociedad a través de las políticas neoliberales, que el PP aplica en España dogmáticamente, imponiéndonos sus recetas y programas regresivos, con inusitada desvergüenza. Desvergüenza y facilidad ante la actitud casi impasible de la mayoría de la población, no acertando a explicarnos como es posible y cuales son los motivos que inducen a nuestra sociedad a comportarse de forma tan servil e indolente, ante semejante atropello y humillación.

Entre otras cosas y quizás en el origen de todo esto esté el galopante proceso de deslegitimación de la política y de lo político que se ha producido, lenta y progresivamente, durante los últimos años. Es difícil imaginar que nuestros representantes democráticamente elegidos hayan podido llegar a cometer, como si nada, hechos tan profundamente antidemocráticos como la reciente modificación de la Constitución Española, solo y únicamente, con el fin de priorizar el pago de la deuda sobre el bienestar de los ciudadanos o aceptar, como en Grecia o Italia, la imposición de gobiernos tecnocráticos, nominados por no se sabe bien quién, en lugar de gobernantes democráticamente elgidos. Son. estos ejemplos de “fascismo social”, tan solo dos ejemplos, Grecia e Italia en su expresión tecnocrática y España en su versión  de remodelación de la legislación fundamental.

Una vez que nuestra sociedad ha caído en el desánimo debido, en gran parte, a la falta de honestidad de la clase política, que es juzgada como corrupta en una mayoría creciente de países, la oferta de salvación está servida en bandeja de plata de manos de los mercados que ahora, ofrecen sustituir a los corruptos por los corruptores, como salvadores del estado de corrupción que ellos mismos han provocado. Así, quedamos atrapados en un círculo vicioso, dentro del que la supervivencia de la democracia es muy difícil que sea posible.

Otro elemento clave de este “fascismo social” es la absoluta falta de crítica que sufre la ideología neoliberal a causa, esencialmente, del control al que tienen sometido a los medios de comunicación social (son sus propietarios) y, a través de ellos, a la opinión pública. Valga como ejemplo el escaso o nulo eco que tienen las opiniones de los economistas críticos con las recetas neoliberales, debido a un control cuidadosamente diseñado por parte de quienes pueden manipular e instrumentalizar los medios.

Desde el punto de vista político, estas élites y los políticos a su servicio, no se ven castigados por las instituciones democráticas, lo que hace que sus políticas restrictivas sigan por senderos, cada vez, de mayor dureza pareciendo que fuera verdad lo dicho por León Tolstoi “no hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, sobre todo, si ve que son aceptadas a su alrededor”. Mientras ésto siga así, es imposible buscar soluciones comunes a unos problemas que no se perciben como tales problemas.

Para que esta nueva forma de fascismo campe a su gusto y penetre en casi todos los estamentos de la sociedad, se hace necesario un proceso de sometimiento de la población a lo que Castells, Ramoneda y otros, califican como de “servidumbre voluntaria”. Una servidumbre total basada en detalladas estrategias de políticas del miedo, en las que los gobiernos, con el apoyo de todo el coro mediático, han inculcado el discurso de la culpa colectiva (hay que pagar la fiesta de nuestra irresponsabilidad, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, etc.), cuyo objetivo es inculcar en la población la idea de un escenario sin ventanas al futuro, si no se aplican sus recetas, y meter el miedo en el cuerpo de toda la ciudadanía. El miedo siempre ha sido el mejor instrumento para conseguir de la población la “servidumbre voluntaria” y el adormecimiento da la sociedad, por un poder que no consulta y recorta y recorta sin parar sin que los afectados se movilicen. Parece, en frase de Lefort, que “ya estamos en pleno camino hacia el totalitarismo de la indiferencia”.

Se hace necesario reflexionar  sobre este fenómeno de la “servidumbre voluntaria” que, al tratarse de un fenómeno colectivo, tiene una indudable dimensión política que convierte al conjunto de la sociedad en un siervo que se somete voluntariamente al amo, no en función de los medios de que éste dispone para doblegar al siervo, que también, si no que el pueblo siervo se convierte en el artífice de su propia degradación.

Parece, como si hubiéramos sido tragados por un monstruo cosificador, por aquello que Marx denominaba el “fetichismo d ela mercancía”, que produce en la sociedad un miedo acerbo a quedar excluido de ella, de un mundo que somos incapaces de controlar y que con su opacidad y complejidad nos paraliza y nos hace permanecer pasivos. Y así es como nos quieren, quietecitos, sin protestar y diciendo que sí a todas las medidas destructoras del Estado de Bienestar que aplican sin piedad y asumimos con resignación.

 

M. Jorge Parada Mejuto

Coordinador Izquierda Socialista – Vigo

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